La fidelidad

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El amor conyugal exige de los esposos, por su misma naturaleza, una fidelidad inviolable. Esta es la consecuencia del don  que ellos mismos, los esposos, se hicieron de sí mismos.  El amor quiere ser definitivo. Puede ser « hasta nueva orden ». Esta unión íntima, don recíproca de dos personas, no menos que el bien de los hijos, exige la entera fidelidad de los esposos y requieren su indisoluble unidad. » 

El motivo más profundo se encuentra en la fidelidad de Dios a su alianza, de Cristo a su Iglesia. Por el sacramento del Matrimonio los esposos son habilitados para representar esta fidelidad y dar testimonio de ella.  Por el sacramento, la indisolubilidad del matrimonio recibe un sentido nuevo y más profundo.

Puede parecer difícil, si se quiere imposible, unirse parat oda la vida a un ser humano. Es aún más importante anunciar la Buena Nueva  de que Dios nos ama con un amor definitivo e irrevocable, que los esposos tienen parte en este amor, que los lleva, los sostiene, y que  por su fidelidad ellos pueden ser testigos del amor fiel de Dios.  Los esposos, con la gracia de Dios dan ese testimonio, con frecuencia en condiciones bien difíciles que hacen que merezcan la gratitud y el apoyo de la comunidad eclesial.

(Catéchisme de l'Eglise catholique 1646, 1647, 1648)