Meditación

La liturgia del miércoles de Ceniza nos invita a unir a la oración el ayuno, práctica penitencial que exige un esfuerzo espiritual más profundo

Escuchar, meditar, hablar y callar ante el Señor que habla, es un arte que no se aprende sino practicándolo con perseverancia. Ciertamente, la oración es un gran don, que reclama sin embargo, ser acogido; es la obra de Dios, pero exige un compromiso y una asiduidad de parte nuestra: sobre todo la continuidad y la perseverancia son importantes.

Dios mío
Te ofrezco este año que comienza
Es una parcela de este tiempo tan precioso
Que Tú me has dado para servirte.
Me coloco bajo el signo de tu fidelidad:
Haz que sea una larga ascensión hacia Ti
Y que cada día me encuentre

La intención de la Iglesia es honrar hoy a todos los Santos. Juntos. Yo los amo, los invoco, me uno a ellos. Uno mi voz a las suyas para alabar a Aquél que los hizo santos. Con cuánto placer me inscribo en esta Iglesia celeste: ¡Santo, Santo, a Dios solo la gloria! ¡Que todo se postre ante Él!

Tengamos una visión positiva de la realidad…
Quien es hombre, mujer de esperanza —la gran esperanza que nos da la fe— sabe que Dios actúa y nos sorprende también en medio de las dificultades. Dios nunca deja de sorprender, como con el vino nuevo del Evangelio… Dios guarda lo mejor para nosotros.

En el corazón de las que los latinos llamaban  feriae  Augusti,  vacaciones de agosto —de ahí la palabra italiana "ferragosto"— la Iglesia celebra hoy la Asunción de la Virgen María al cielo en alma y cuerpo.

Virgen y Madre María,
tú que, movida por el Espíritu,
acogiste al Verbo de la vida
en la profundidad de tu humilde fe,
totalmente entregada al Eterno,
ayúdanos a decir nuestro «sí»
ante la urgencia, más imperiosa que nunca,
de hacer resonar la Buena Noticia de Jesús.

Frères, ne prenez pas pour modèle le monde présent, mais transformez-vous en renouvelant votre façon de penser pour discerner quelle est la volonté de Dieu : ce qui est bon, ce qui est capable de lui plaire, ce qui est parfait..............

«Yo no os dejaré huérfanos» (Jn 14, 18).
La misión de Jesús, culminante en el don del Espíritu Santo, tenía este objetivo esencial : restablecer nuestra relación con el Padre, herido por el pecado ; sacarnos de la condición de huérfanos y convertirnos en hijos..

Hoy’nuestro Señor Jesucristo subió al cielo ; que nuestro corazón suba con El al mismo lugar. Escuchemos lo que nos dice el Apóstol: Vosotros habéis resucitado con Cristo. Buscad entonces las realidades de lo alto: es allí donde Cristo se encuentra sentado a la derecha del Padre. El objetivo de vuestra vida está en lo alto y no en la tierra.

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